
No solo de frases vive el hombre.
No estoy especialmente enganchado a Facebook, a pesar de que él insiste con mensajes todos los días para que me enganche, ni a Instagram, no tengo Twitter, y en mi opinión tampoco soy de los que se sienten especiales por no estar enganchados a las redes sociales. Simplemente a día de hoy no me llaman y no las necesito. Tenía correo electrónico y era feliz, llego Facebook y no lo vi necesario para mí, llego el WhatsApp y no lo vi necesario hasta que sí que lo vi y soy muy feliz con él desde entonces. Había escapado de las frases motivadoras y vídeos cortos y de las cursis con fotos “especiales” del Facebook, pero en los grupos del WhatsApp me han vuelto a pillar, no se puede escapar de ellas.
Reconozco su utilidad, su profundidad, a veces su originalidad, y me encantan las de reír, todas son útiles. Únicamente pienso que muchas veces, muchas frases, muy motivadoras, se convierten en caramelitos espirituales de consumo y duración escasa hasta la siguiente frase profunda, emotiva y motivadora. Son tantas y tan bonitas que en mi opinión no calan lo suficiente, no se reflexionan y se llevan para dentro hasta integrarlas en tu propio ser. Un solo Koan del Zen (“Koan” es una paradoja imposible de resolver lógicamente p. ej: que ruido hace una palmada con una sola mano), podía llevar años a un discípulo el resolverla, pero cuando la resolvía esa persona sí que había evolucionado. Desde que se inventó el arroz en microondas toda nuestra civilización se ha ido al garete de forma definitiva, la tortilla de patatas envasada ha sido el remate final, olvídate del cambio climático.
Cómprame, pero cómprame ya.
Para que la gente lo compre, todo tiene que ser rápido, fácil de asimilar y fácil de evacuar. Frases rápidas, vídeos cortos, fast food, comida basura, y el remate del tomate la famosa frase de “la gente no lee”. Nos han envenenado tanto y tan bien en todos los sentidos que creemos que por vivir rápido nuestros problemas tienen que tener también soluciones rápidas y no es así, desde luego que no es así. Si llevas 50 años con problemas con tu madre una frase de Paulo Coelho leída al bies no lo va a resolver por muchos like que tenga ya que detrás viene otra del Deepak Chopra todavía más “luminosa”. Cualquiera de esas frases en exclusiva sí que pueden ayudarte, todas dicen y hablan de lo mismo, una receta de cocina valdría igual (si tiene muchísimos likes, eso sí). Sólo tienes que pararte, llevar esa frase a tu interior y sentirla, sentirla hasta el final y hasta donde te lleve, aunque no te guste lo que veas que dice de ti. Sólo puedes coger una cada vez, solo una, llevarla hasta el final, y ver tu reflejo en ella.
Cándido Granada Álvarez









Mi labor concreta de Acompañamiento al Inconsciente sin duda enlaza perfectamente con esta segunda fotografía de mil caras. Ya he hablado otras veces de las máscaras que la educación, la sociedad, las creencias o prejuicios nos obligamos a llevar. Ponemos una máscara de sumisión con el jefe, de arrogancia con el más débil o ignorante, de beatitud cuando vemos a nuestro hijo y cara de viciosillo cuando llega el verano. Cada máscara expresa una emoción o una forma de afrontar una situación de la vida. En la Nueva Medicina Germánica ( un tema muy largo que afrontare en otro artículo ) se relaciona cada enfermedad con una emoción dolorosa, intensa y asumida en solitario que el cuerpo somatiza de determinada manera. MI clave como terapeuta es encontrar que máscara uso la persona ante determinado mazazo de la vida. Que cara puso mi clienta cuando encontró a su marido en la cama con otro hombre. Que cara tenía el niño de 5 años cuando su madre abusaba de él. La máscara que utilizo cuando padre cuando le comunicaron la muerte de su hijo, y así infinitos rostros para expresar las emociones básicas del ser humano.
